miércoles, 25 de septiembre de 2013

En ruinas

Después de abandonar la playa, Nyx se adentra en aquella ciudad, cuestionándose y especulando las razones que podría tener alguien para dejar un lugar así. Puede que hubiese sido víctima de alguna enfermedad altamente contagiosa y mortal, pero no veía ningún cadáver o algún otro signo de muerte, o una contaminación química, lo cual, de ser verdad, comenzaba a darle escalofríos, aún podría tener efectos.


Mientras camina puede deducir que en algún momento fue un lugar próspero, pues a su paso se encuentra con edificios de gran altura, de paredes de cristal de todos los colores, en donde seguramente trabajaban elegantes hombres y mujeres, siempre ocupados en sus negocios, autopistas entre los rascacielos sin ningún soporte que las sostenga en su sitio, en donde aún quedan los restos de los autos que circulaban sobre ellas antes de ser velozmente abandonados en el embotellamiento, y áreas llenas de vegetación que en algún momento no muy lejano debiesen haber sido parques en los que diariamente niños de todas las edades disfrutaban junto a sus amigos y demás seres queridos. Pero ahora todas esas grandes construcciones se ven abandonadas, algunas incluso parece hubiesen sido dañadas a propósito más que por el abandono en sí, sin embargo no hay signos de guerra. En las calles descansan automóviles de todas formas y colores que Nyx jamás había visto en su vida, en la intemperie, pudriéndose de a poco bajo las inclemencias del clima, y aquellos parques que aún conservaban sus juegos infantiles se hallan oxidados, llenos de maleza marchita y con la pintura corroída. Aún a pesar de toda la devastación luce como una ciudad futurística, como aquellas de las películas de ciencia ficción.

Nyx caminó durante horas, sin saber a dónde ir ni en dónde se encontraba. ¿Cómo había terminado ahí?, ¿Porque ella? Esas dos preguntas seguían latiendo incesantemente en su cabeza, y la intriga que se producía en su interior crecía con cada paso que daba.

Ensimismada en sus pensamientos Nyx no se fija por donde pisa, y tropieza con algo blando, y redondo del tamaño de un perro pequeño, así se estrella de cara contra el pavimento. Sus manos amortiguan un poco el golpe, pero al levantarse del piso estas arden y punzan alrededor de donde se le han enterrado algunas piedras. Se da la vuelta para ver que es aquello con lo que ha tropezado y se encuentra con una pelota de plástico, de esas con las que suelen jugar los niños. Le parece curioso y la levanta.

¿Qué hace una pelota ahí?, bueno, puede que a pesar del aspecto del lugar aún haya alguien en los alrededores. Cuando alza la vista comprende que solo fue dejada ahí hace tiempo y es solo una coincidencia que hubiese tropezado con ella. Frente a ella se yergue una pequeña construcción con paredes de colores y dibujos infantiles, en la parte superior de una puerta decorada por letras y números se encuentra el nombre de un jardín de niños. Poniéndose a pensar, se da cuenta de que lo que le ocurrió a esta ciudad tomó a sus habitantes por sorpresa e hizo que huyeran de un momento a otro, dejando atrás en su apuro todo lo que tenían, la muestra de ello es aquella pelota.

A Nyx esto le parece muy triste pero aún no sabe en donde se encuentra, y para averiguarlo debe encontrar a alguien. Decide dejar la pelota en donde la encontró y seguir su camino errante en busca de alguien que pueda ayudarle, aunque, ella cree, para ello deberá caminar mucho, mucho más lejos.

Después de un último vistazo y un largo suspiro gira sobre sus talones y comienza a caminar, pero no ha dado ni siquiera tres pasos cuando a sus espaldas, rompiendo el sepulcral silencio de la ciudad, solo aliviado por el murmullo del viento, se escucha el claro sonido que produce un arma al ser cargada

Es un sonido que Nyx conoce perfectamente, después de todo, cuando era niña, su padre la llevaba cada invierno a su viaje anual de cacería. Su padre le enseño desde la corta edad de cinco años a empuñar su poderoso rifle sauer. Le impresionaba la forma en que un mecanismo tan pequeño era capaz de generar tal poder, y fue precisamente eso lo que la llevo a ser una gran tiradora. Pero aun cuando pasar tiempo con su padre y tener la oportunidad de dominar su poderoso rifle eran dos de las cosas que más disfrutaba, tenía muy malos recuerdos de aquellos viajes. La forma en que los animales gemían y caían sobre sus costados al ser alcanzados por las balas era una de las cosas que más le desagradaban, era una visión horrible que, aún hoy, años después, le causaba pesadillas. Pero el recuerdo más traumático y devastador de aquella época fue el día en que el supuesto mejor amigo de su padre, con el rifle que ella misma había disparado a blancos fijos tantas veces, le disparó a su padre por la espalda. Nyx no vio nada, pero desde donde se encontraba logró escuchar claramente el momento en el que aquel despiadado hombre cargaba el arma. Minutos después, también el disparo que habría de terminar con la vida de su padre.

Todos esos malos recuerdos inundan su cabeza, pues aquel sonido era exactamente igual al de aquel rifle que ahora permanecía colgado en la pared del cuarto de su madre. Casi paralizada por el miedo, espera impaciente la siguiente parte de su pesadilla. Un disparo.

En lugar de eso se escuchan los pasos sigilosos de una persona que comienza a aproximarse. Lentamente Nyx da la vuelta para observar a quien sea que este ahí. Durante esos escasos segundos que dura su lento giro hacia atrás, la invade el miedo y la esperanza. Miedo porque no comprende el sonido del rifle, ¿Qué hace ahí? ¿Quiere lastimarla?; esperanza, porque es una persona quien lo porta y puede ser la solución para descubrir cómo es que ha llegado ahí.

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