Algo. No. No algo, alguien. Un hombre, oculto tras un robusto árbol, de facciones rígidas, pero invisibles a la escasa luz tardía. Nyx lo observa con cautela, vigilando cada movimiento del extraño, por más imperceptible que este llegue a ser. El hombre porta el rifle que lleva en manos en posición para una rápida reacción, esperando por su parte a que Nyx se mueva. Lleva puestos una chaqueta, pantalones arrugados y enormes botas, hasta donde se alcanza a distinguir. Parece nervioso, pues tiembla suavemente, pero sin un rostro que evaluar no hay mucho en que basarnos para dar un diagnóstico más acertado. El tiempo transcurre lentamente, ninguno de los se mueve. La suave brisa que hace horas soplaba se ha convertido en un ventarrón que arrastra a su paso todo aquello que sea lo suficientemente ligero como para volar con él.